¿Cómo es un día en la vida de Ramoncín?

MONDO INSONORO SE HA PASADO 24 HORAS EN LA CABEZA DE RAMONCÍN, Y ESTE HA SIDO EL RESULTADO

09:00 a.m: suena el despertador. La melodía es Litros de alcohol. Ramoncín se levanta y se lava la cara; tras volver a verse al espejo, vuelve a lavársela. Tras secársela, y vérsela de nuevo, se la lava otra vez. “Estoy hecho mierda”, piensa; “¿¡Pero eres el mejor, y lo sabes!?”, añade después, señalándose a sí mismo en el espejo, al tiempo que esboza una gran sonrisa. Da un mal rollo que te cagas. La vecina de en frente cierra la persiana, aterrada.
09:05 a.m: se sienta en la taza y orina.
09:10 a.m: tras prepararse un café escribe su nombre en Google y llama a su manager. “Todavía no me veo encabezando la lista de los 40 Principales”. Su manager se mantiene en silencio, atragantado, sin saber qué decir. “¡Qué no, hombre, que estoy de broma! Sé que mi carrera musical lleva muerta desde el inicio… ¿Qué tal los niños?”. Se siente muy solo, necesita hablar con alguien.
09:12 a.m: su manager cuelga el teléfono. Duerme un ratito más.
11:20 a.m: un titular de El País enuncia que “El Primavera Sound ya es el festival mas buscado”. Ramoncín, levantando la ceja, piensa que “cómo puede ser posible con el cartel de mierda que tiene”.
12:00 a.m: a todo el mundo sigue sin importarle un carajo su opinión. Es un hecho.
12:10 p.m: suena el teléfono. Es Alejandro Sanz. Dice que ha pasado por una panadería de su barrio, y que tienen la radio puesta. Ramoncín se pone en contacto con la SGAE para que se personen en el lugar; “El día que la gente se dé cuenta de que les robamos en la cara nos va a caer la del pulpo”, recapacita un segundo.
12:20 p.m: un whatsapp de Alejandro Sanz. “Arreglado, una nueva victoria para los derechos de autor”. Un montón de emoticonos alegres acompañan la frase. “Y pensar que en algún momento de la historia hizo falta tener talento para vivir de la música”, sentencia, jactándose de la falta de talento de su amigo. De la suya propia no se jacta porque se cree muy buen músico, parte inamovible de la historia del rock. Nadie le enseñó, jamás, a atar cabos. “La culpa es del resto, que están en mi contra por mor de la envidia”.
13:34 p.m: Ramoncín abre la nevera para prepararse algo de comer. Cierto pensamiento de satisfacción cruza el umbral de sus sentidos. “Joder, para no haber dado palo al agua en la vida, y no tener ni zorra de música, vivo como Dios”. Vuelve corriendo al espejo, y se lava la cara. “Bueno, qué se le va a hacer, no todo en esta vida va a ser perfecto”.
14:05 p.m: se apaña con lo que hay; una lata de atún entre dos rebanadas de pan de molde, con espárragos y salsa barbacoa. “¡Joder, sigo siendo un outsider!”, se dice a sí mismo.
15:45 p.m: entra en Twitter. Tiene un montón de mensajes nuevos. “¡Mamoncín, cabrón, eres patético!”, “Puta SGAE, ladrones, que sois unos ladrones, ¡qué vergüenza!”, “Vuelve a tocarte una de Nirvana, que desde que acabó Muchachada Nui andamos faltos de absurdez”, “Ramoncín al Viña 2017; tenemos latas vacías preparadas, y piedras en los bolsillos”. Frunce el ceño. Cree haber leído un comentario positivo, pero ha resultado ser publicidad. “Qué mala es la envidia en este país”, sentencia, a regañadientes.
16:50 p.m: suena el teléfono. Vuelve a ser Alejandro Sanz. Dice que ha pasado por una peluquería en la que estaba sonando Amiga Mía, y que le ha pedido a la peluquera un corte gratis, pero que ésta se ha negado. Quiere que se dé parte de inmediato a la SGAE, con el fin de que la implicada abone el debido canon. “¡Qué pesado es este tío, menudo acomplejado!”, piensa.
17:38 p.m: abre un álbum lleno de recortes de periódicos, y fotos de los 80. En ninguna sale de perfil. “No tengo la nariz tan monstruosa como dicen”, piensa. “¿A qué se referiría Loquillo con lo de que Ramoncín fumaba en la ducha?”.
19:03 p.m: “¡Mamoncín, maricón!”. Otra de esas llamadas anónimas que se repiten desde los 90. “Algún envidioso”, se dice a sí mismo. “¡Al Rey del Pollo Frito se la suda!”.
20:00 p.m: suena el teléfono. ¡Es la organización de Mad Cool Festival! Quieren a Ramoncín de cabeza de cartel para la nueva edición del festival, junto con Radiohead, Amaral, El Afilador, La Lavadora de la Tía Tere, etc. “Eso sí es un festival como Dios manda, y no el Primavera”, sentencia, orgulloso de sí mismo.
21:02 p.m: en las noticias no mencionan su actuación en el festival madrileño. “¡País de envidiosos!”, espeta, algo arrogante, y cambia de canal.
21:03 p.m: aparece El Gran Wyoming en la pantalla, así que vuelve a cambiar; “Otro envidioso, y encima de izquierdas”.
22:00 p.m: Ramoncín se pone el pijama de las Súper Nenas, se prepara un Cola Cao calentito y coloca un vinilo de Mecano en el tocadiscos. Luego se recuesta. Cuando suena ‘Mujer Contra Mujer’ piensa en la Movida Madrileña. La nostalgia le invade. “Cómo se nota mi influencia en el groso del rock español, ¡es acojonante!”. No sabe distinguir entre géneros; para Ramoncín sólo existe Ramoncín.
23:00 p.m: llama a un amigo, para charlar un rato. No le coge el teléfono. “Envidioso”, piensa. En realidad no es su amigo. “Sólo me queda el rock”. Busca en Google la palabra rock, para ver si sale su foto. “Envidiosos”.
23:34 p.m: un nuevo whatsapp de Alejandro Sanz. “¿Te has acordado de dar parte de lo de la peluquería?”. Ramoncín le contesta con el emoticono de la peineta.
00:23 a.m: “algún día os daréis cuenta de lo que habéis perdido, pobres diablos”. Se refiere a los españoles. Ha sido un día duro. Es todo un currele.
00:38 a.m: sueña con que canta bien.
 
01:23 a.m: se despierta. ¡Alejandro Sanz en directo! “¡Qué alivio, sólo ha sido una pesadilla!”. Vuelve a quedarse dormido.

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