El origen de las ‘tribus urbanas’ en España

EN MONDO INSONORO LLEVAMOS MESES INVESTIGANDO LAS RAÍCES DE LAS TRIBUS URBANAS EN NUESTRO PAÍS, Y ÉSTE HA SIDO EL RESULTADO

En 1975, tras la transición a la democracia, España experimentó el anhelado aperturismo al mundo con el que tanto habían soñado jóvenes y mayores: ello trajo consigo cosas buenas, como el rock, el metal, o el pop, junto con otros tantos géneros desconocidos hasta el momento, ya en profundidad y con plena transparencia; y también cosas malas, como Alaska.
 
En Mondo Insonoro hemos investigado las raíces y antecedentes de las tribus urbanas más representativas de nuestro país, estableciendo las bases desde las cuales dichos movimientos tomarían impulso en décadas posteriores.
 
-Rockers: rebeldes, individualistas y endogámicos. Tuvieron su origen histórico en los teddy boys ingleses de los años cincuenta que, tras el cumplimiento del servicio militar, vieron a Marlon Brando en The Wild One y se dijeron a sí mismos; “¡Ese tío sí que mola, no como yo que tengo pinta de meapilas!”. Inmediatamente después se compraron una chupa de cuero, unos jeans, y se dejaron las patillas. Muchos no pudieron ponerse tupé, la alopecia pegaba fuerte por aquel entonces. En España hemos hallado la primera chispa de este movimiento en el prematuro -y clandestino- Colectivo LGTB que afloraría a mediados de los sesenta en la Legión Española; su himno, ‘El Novio de la Muerte’, no es más que una versión castellanizada del tema ‘I Will Survive’ de Gloria Gaynor.
 
– Bakalas: para nuestra sorpresa, el primer indicio de este movimientos lo podemos encontrar en la tuna; a mediados de los ochenta, cansados de los chatos de vino, muchos estudiantes valencianos se interesarían por el bacalao, que empezaba a pegar fuerte por aquel entonces; una pastilla llevó a la otra, y al final Chimo Bayo dejó sus estudios de filología hispánica para dedicarse en cuerpo y alma al mundo del bailoteo, el polvo blanco en espejo y la paja en cabina. La tuna jamás volvió a ser lo que era. En Madrid empezó a irse los miércoles a La Zombie.
 
– Canis: los bakalas que no lograron sacarse la E.S.O comenzaron a agruparse con fines reproductivos en la primera década de los años 2000.
 
– Góticos: la tercera edad es la responsable de la aparición de esta tribu urbana en nuestro país, concretamente las ancianas en luto de las aldeas gallegas de principios de los años veinte; tras morir sus maridos adoptarían el luto ya de por vida, por eso del “qué dirán”. Muchas de ellas hallaron ese sentimiento místico de proximidad a la muerte, angustia existencial, y resaca de licor café, mucho antes que los jóvenes ingleses que, tras aburrirse del punk, empezaron a disfrazarse de cucarachas en los años ochenta. Existe una subcultura gótica denominada Darks, que viene a ser lo mismo que el gótico pero en gafapasta, y con estudios de antropología. A día de hoy no es que se les haga demasiado caso, gracias a Dios.
 
– Emos: Gustavo Adolfo Bécquer iniciaría el movimiento con su obra Rimas y Leyendas; taciturno, lúgubre, afeminado, atractivo, con el flequillo de medio lado y fan de la saga Pokémon. Bécquer se posicionaría, de este modo, como un adelantado a su tiempo. Su profundo anhelo por el nuevo disco de Alesana le llevaría a caer enfermo a muy temprana edad. Su hermano gordo, Larra, tiraría más por el indie.
 
– Grunges: a partir de la transición muchos jóvenes hallarían en las nuevas corrientes de conocimiento, llegadas de Europa y EEUU, una buena excusa para desmelenarse, vestirse con harapos y, en última instancia, tras la aparición del grunge, no ducharse. Se establece, de este modo, el punto de partida del movimiento grunge en nuestro país; la falta de higiene del español medio tras el fin de la dictadura.
 
– Hardcoretas: si algo le gusta más al español medio que no lavarse el hocico nada más levantarse es curtirse el lomo; tras la transición, muchos jóvenes encontraron en el punk una excusa para cascarse a la mínima con el prójimo; años más tarde, tras la creciente burbuja, los punkis se verían con pasta y decidirían, en un alarde de pomposidad, comprarse ropa de marca, tatuarse el cuerpo y hacerse veganos. Ahora la inmensa mayoría van de modernos; sale tremendamente más barato desde que el abono del Resurrection Fest cuesta más que el del Primavera Sound, y Barcelona es muy europea, y esas cosas… O sea, qué fuerte, ¿no?
 
– Heavies y metaleros: José y Emilio, los heavies de la Gran Vía madrileña, nada tienen que ver con los inicios del movimiento en España; sus verdaderos precursores fueron Carmen Sevilla y Arturo Fernández, con El Relicario, en el año 1970, capaces de poner de mala hostia hasta a los hippies de aquel entonces, quienes se radicalizaron y comenzaron a rendir culto al metal pesado. La Pantoja, Lola Flores, y demás siervos sombríos del Maligno, también metieron mano en el asunto.
 
– Hippies: gente vaga hasta para ser grunge que se agruparía con fines reproductivos mucho antes de la aparición del grunge.
 
– Lolitas: góticas sin sobrepeso que dejaron de temer a la gama cromática en la primera década de los años 2000. Algunas sí tienen sobrepeso; subgénero denominado ‘trolitas’ por las malas lenguas.
 
– Raperos: Góngora y Quevedo iniciarían el movimiento rap en el Siglo de Oro español. Los continuos improperios que ambos dramaturgos se intercambiaron a lo largo de sus vidas literarias les llevarían a convertiste en precursores de una de las tribus urbanas más extendidas por nuestro país.
 
– Rastafaris: el primer indicio de la cultura rasta en España podemos situarlo aquel día que El Fary probó el chocolate del moro y escribió la letra de La Mandanga en una esquina, en media hora. Tras la incursión del reggae en nuestro país los jóvenes adoptarían al reconocido maltratador Bob Marley como icono de su cultura; si hay algo común a todas las tribus urbanas es el postureo.
 
– Reggaetoneros: tras la aparición de los primeros ejemplares sin dedos prensiles en nuestro país comenzarían a aflorar las agrupaciones de reggaetoneros por todo el territorio de la geografía española; no estamos diciendo, con ello, que quienes escuchan dicho –y supuesto- género musical sean más tontos que la media, tan solo lo insinuamos.
 
– Hipsters: Salvador Dalí, el primer hipster español, destacaría –además de por grandes obras pictóricas- por ser el primero en sacarnos de quicio con sus gilipolleces: lo del bigote grimoso, el bastón, pasearse con un oso hormiguero por la ciudad, pagarle los estudios a Dj Coco, declararse monárquico e ir de reaccionario siendo claramente bisexual… En fin, que encima de autodenominarse genio vamos nosotros y le reímos la gracia, como a los hermanos Gallagher, Morrissey, etc. Como resultado hemos obtenido a un ejército de paletos cuya máxima aspiración es la de personarse en los principales festivales del territorio español y fardar de haber disfrutado más de ediciones anteriores; seguro que el hecho de que ahora estés hecho mierda, más aburrido de la vida que nunca, e infinitamente más agotado -vitalmente hablando- no tiene nada que ver, cansino. Ale, seguid riéndoles la gracia a este tipo de especímenes, veréis qué guay cuando vuestros hijos estudien a Carlos Boyero en clase de literatura.
 
– Punks: por supuesto El Rey del Pollo Frito es el responsable de la aparición del punk en nuestro país, y principal precursor del mismo, aún a día de hoy. Ramoncín destacaría por sus numerosas apariciones televisivas a lo largo de La Movida. Su principal objetivo no era el de dar puta pena, pero no siempre salen las cosas como uno quiere. Así como el auge del punk vasco se convirtió en una más que plausible evidencia, los punkis comenzaron a adorar a las numerosas bandas que aflorarían por todo el territorio español en décadas posteriores. Esto ya no tuvo nada que ver con el postureo, aunque sí que es cierto que entre las páginas de la historia del punk abunda bastante; a ver quién le echa cojones de reconocer a Ramoncín como precursor de la tribu urbana a la que pertenece y sobrevive al bullying en el instituto para contarlo.
 
– Trap: la aparición de redes sociales tales como Facebook, Twitter, o Whatsapp, han propiciado un empobrecimiento del lenguaje que, junto con Telecinco, se ha simplificado en un truculento bache evolutivo. Gracias, jóvenes, una vez más habéis jodido la marrana a anteriores generaciones con vuestras chorradas; ahora ya no sólo no nos jubilaremos, sino que, encima, tendremos que escuchar a barriobajeros soltar mierda machista colgados de un sampler barato, mientras que el resto aplauden. Echo de menos Cine de Barrio.

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