Motivos por los que no deberías asistir a Sónar 2018

Motivos por los que no debes ir al Sónar

TE TRAEMOS UNOS CUANTOS CONSEJOS ÚTILES PARA QUE SOBREVIVAS A LA DESIDIA Y TE EVITES TAMAÑA TORTURA DE FESTIVAL

No tienes ni puta idea de electrónica: por más que lo intentes jamás dejarás de ser un paleto/paleta que se las da de entendido/entendida por el mundo adelante/adelanta. Lo mejor que puedes hacer es ponerte todo lo pedo que pueda nada más entrar y desconectes del cartel, de esos tal Gorillaz y demás sandeces y acabes dando lástima en los coches de choque o los baños portátiles. No recordarás nada, y casi mejor para todos: a nadie le importa un carajo tu opinión de mierda.

Te sientan mal las drogas: un medio sobrio y responsable te aconsejaría que no te drogues, por mucho que tus colegas vayan a pillar; esto no es ni un medio, ni estamos sobrios ni somos responsables, así que métete todo lo que te ofrezcan y déjate llevar a ese fondo que tanto te gusta tocar.

Es tu zona de confort: no habrá supervivencia si te niegas a tu destino, así que fluye. Pero hazlo en la disco de turno, y no en un festival de puta madre. Te rentará más.

Te dan miedo los canis: si estás leyendo esto, lo más probable es que en la escuela te curtiesen el lomo pero bien, motivo por el cual te produce ansiedad el pensar que vas a pasar los próximos tres días en Hospitalet, encerrado/encerrada en un recinto/recinta con un montón de macuckis a los que les flipa el technaso, tete. Lo mejor es que vendas tu abono ahora mismo.

Tu estación del año favorita es el invierno: si ya de por si los complejos te han llevado a odiarte profundamente el resto de meses del año. En estas fechas, con el calor, el agobio, sudar todo el rato y que se te escueza la zona muerta -que separa el ano de lo que quiera que tengas entre las patas-, las vas a pasar putas a más no poder, sobre todo en Sónar, que se celebra en uno de los fines de semana más calurosos del año. Una de dos: o bien te remites al tercer punto de este listado y, por ende, vendes tu abono, o te compras un par de cajas de antidepresivos y, por ende, te las bajas con una botella de José Cuervo.

A mí lo que te gusta es el indie, pero es que van Gorillaz, y claro: eres imbécil. Gorillaz tocan en otras muchas partes del mundo a menos de una cuarta parte de lo que cuesta el abono.

Es que mi amigo dice que Sónar es lo más: en primer lugar, si es tu amigo casi seguro que tendrá alguna tara mental, así que fíate de él más bien poco tirando a nada. Aun así, sí que es cierto que gran parte del público potencial de Sónar está formado por gente que ha oído que mola, o que le han dicho que es un flipe, o que es digno de vivir al menos una vez en la vida… Seamos claros: esto no es el interrail, montarse un trío o hacer el jodido Erasmus, si jamás vas al Sónar tampoco pasa nada.

El Primavera Sound me ha dejado con ganas de más: aun sin acordarte de un solo concierto, sigues con ganas de festival, es por ello que has optado por comprarte un abono para el Sónar. No solo eres idiota sino que, encima, te gusta tirar el dinero. Si tanto extrañas el Primavera Sound puedes esperar un mes y portar por su hermano subnormal, Mad Cool Festival; o a su hermano todavía más subnormal, el Cruïlla.

Dicen que el sonido es de lo mejor: sí, bueno, también decían que Bill Cosby era el papá de América hasta que se la metió a una que estaba inconsciente. ¿Desde cuándo a los festivales se va a escuchar música? El postureo ha logrado enturbiar la idea de que a este tipo de celebraciones se va única y exclusivamente a soplar, idea sobre la cual, por cierto, se cimentó el concepto de macrofestival. A ver si os pensáis que todos esos hippies de mierda fueron a Woodstock a ver conciertos.

Es que van mis amigos y nunca he ido a un festival: No tienes personalidad. Das pena. Nadie te quiere. Insistimos en que deberías vender el abono.

Es que tengo una amiga influencer con casa y así de paso nos vemos: sería genial que tuvieras una amiga influencer con casa en Siria, o en la Franja de Gaza, a ver si también ibas a verla y te pegaban un tiro. La idea de que los festivales son el nuevo punto de quedada mainstream para influencers varios y gente a la que le importa una mierda la música ha propiciado que estos se hayan convertido en una pamplina llamativa para retrasados mentales que están más preocupados por sacarse un par de fotos que por culturizarse -sí, la música es cultura, pero solo la que nos gusta a nosotros-. Damos gracias porque exista la ansiedad y los ataques de pánico, si no todos esos juguetes jamás se romperían.

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