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Gorila Flo, música indie para quienes bailaron con Lori Meyers

Mañana hay concierto solidario en la Wurlitzer Ballroom (Madriz), nuestra segunda casa durante años. Organizado por la asociación Proyecto Huellas, el cartel cuenta con las actuaciones de Insúa y Gorila Flo.

Son varios los motivos por los que hemos decidido hablaros de este concierto: en primer lugar, ha sido organizado en colaboración con El bosque felino, protectora dedicada al cuidado de colonias felinas y a la ayuda y la adopción de michis. Los gatos: esa dulce criatura que siempre nos ha producido una mayor simpatía que cualquier homínido bípedo educado para cagar en porcelana.

Por otro lado, que Gorila Flo se definan a sí mismos como indie pop-rock homínido ha despertado en nosotros una gran expectación: no nos hemos podido resistir a profundizar en tan peculiar etiqueta.

Gorila Flo suenan a Viva Suecia engorilados, que es como sonaban Viva Suecia antes de convertirse en los Lori Meyers de Pull & Bear. Son la banda sonora perfecta para esa serie española que, pese a ser un estrambótico sinsentido, termina siendo un éxito comercial. Es indie de manual, del de toda la vida, pero con toques western, psicodelia y coros setenteros.

Bromas aparte —o no—, ¿qué es el indie en castellano más que un repositorio musical para todo lo inclasificable que ha dado de sí la música de nuestro país? Del mismo modo que se etiqueta a Vetusta Morla como independiente, se hace lo propio con Manos de topo. ¡Esto es un desfase!

Con Estados Alterados, la banda se postula para amenizar la tarde de jueves en cualquier festival de indie patrio: el SanSan, el Sonorama Ribera, el Granada Sound, el Tomavistas, el Viña Rock, ahora que las bandas de punk y de metal le dan la espalda, y sin duda se verán obligados a recurrir a lo independiente para salvar el barco.

El indie es el cajón desastre de una generación que aspiraba a pasársela de fiesta hasta el final, pero que se ha visto forzada a echar el freno antes de tiempo. No obstante, de vez en cuando surgen bandas que, por su sonido, su aura y la puesta en escena, deben ser inmediatamente clasificadas como indie, lo que sin duda ocasionará que sean puestas en cuarentena; lejos, muy lejos del altavoz cultural, ahora que Música Sí forma parte del recuerdo para un puñado de nostálgicos.

Gorila Flo nos teletransporta a los 2000, cuando llevar Converse, pitillos y corbata nos hacía parecer modernos, y no sujetos sospechosos de acumular un sinfín de multas de tráfico y el impago de la pensión alimenticia, cuando los millennials fardaban de fulgurante juventud en el incipiente devenir de la edad adulta, y el indie sonaba a esperanza y a diversión; a la incombustible euforia de noches largas en el garito de moda, con Take Me Out sonando de fondo.

Aunque pudiera parecer que no nos gusta Gorila Flo, en tanto que nuestra frágil moral —y razón de ser— nos empuja a desdeñar el género, las bandas indie emergentes son como ese amigo que necesitamos pero que no merecemos; son el último baile —primero de muchos— para un género que, como cualquier rave ilegal, resiste en la inmediatez de un ahora idiotizado por la tendencia.

Desde aquí, mal que nos pese, defendemos el indie con fervor y cierto resquemor generacional. Es por ello que os invitamos a apoyar a estas bandas en su concierto del domingo en la Wurli: no solo estaréis apoyando al indie patrio, que anda escaso últimamente, sino que también facilitaréis la labor de una protectora que, como todas, lo tiene bien jodido para desempeñar sus funciones.

Si sois de los nuestros, y preferís la compañía de un Michi antes que la de un ser humano, es seguro que os gusta el género; no nos cabe duda de que os gustará Gorila Flo.

De Insúa os hablamos otro día: demasiado indie por hoy.

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