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[Crónica] Turnstile en Madrid (27/11/2025)

El concierto de Turnstile es lo más cerca que estaré jamás de sentirme un poquito jardcoreta. Y me explico: son muchos conciertos a la espalda tratando de aparentar que me gusta lo que escucho, cuando todo esto no deja de ser un ejercicio de autoengaño para volver a mi zona de confort y ponerme el How to Dismantle an Atomic Bomb de U2 de vuelta a casa. Al menos El Gallego tuvo su época gótica y ha sido constante en su odio visceral a todo lo que tenga algún acorde que suene medianamente amable para todo oído que no haya sufrido de agonía indie, pero yo no.

Este es el nuevo disfraz que la industria tiene preparado para el próximo lustro: conscientes de que los referentes culturales del capitalismo tardío se han ido degradando en diversas formas volubles y cambiantes, han decidido que las guitarras volverán a salvar a la música –una vez más–. ¡Y qué mejor que un grupito de yankis arreglados y aseaditos para convertirse en su punta de lanza!

No me voy a molestar en enumerar las canciones que sonaron, para eso está setlist.fm. Si no, ¿de dónde os creéis que sacan la información el resto de blogs y medios especializados para sus manidas crónicas? ¿Acaso os pensáis que han prestado atención al concierto, que han tomado notas? ¡JA! Desengañaos: la mayoría ni siquiera son periodistas, son solo jóvenes que, de manera gratuita, asumen el rol de redactores a cambio de entradas gratis para conciertos –así tienen algo que poner en su biografía de Instagram/X.

Que sí, que los gritos y los pogos están de moda, que han llegado para quedarse tanto como la falta de higiene personal y la poca ventilación de cualquier recinto que acoja la gira de estos níveos gringos, pero si fui, fue exclusivamente a escuchar las canciones más poperas de su repertorio que, casualmente, son las únicas que merecen la pena. Las que hacen que los amantes del género enarquen las cejas al ver el éxito de la banda –con un alto porcentaje de calvos, por supuesto–; el resto no deja de ser un pastiche de algo ya muy sobado. El cantante es guapo, pero no ha inventado la pólvora, precisamente.

Atendí religiosamente al concierto, y procuré estar lo más sobrio posible. Mi inquina e inspiración no son las mismas si voy moco, aunque esto genera un enfrentamiento directo con lo verdaderamente esencial en un concierto de Turnstile: solo podrás disfrutarlo cuanto mayor sea tu capacidad de disociación. Abstraerse es el único camino posible para valorar con un mínimo de cordura el grueso de su cancionero y que éste no te parezca todo el rato la misma canción.

Hasta ahora les ha servido para alcanzar la cuota de popularidad que tanto anhelaban. Pero, tan pronto llega el éxito, como sonada puede ser la hostia que vendrá en el futuro, porque o bien terminan marcándose un Viva Belgrado —y dejan de lado esta vertiente de hardcore anodina—, o pasarán de tocar en Vistalegre a hacerlo como teloneros de Arde Bogotá o de los próximos salvadores del rock –¿Os acordáis de Royal Blood? ¿No? ¡Vaya!

La conclusión a la que puedo llegar después de este concierto es: vistos una vez, vistos todas. Claramente, me quedo con los teloneros.

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