Ahora que los eruditos melómanos que hablan a cámara —frente a su colección de vinilos— proliferan de manera descontrolada, nosotros, que nos consideramos su único depredador natural, desde la humildad y la antipatía —que nos caracteriza—, nos hemos propuesto adelantarlos por la derecha y hablaros de Ecca Vandal, artista que hará bailar a los intensitos del tocadiscos en 2026.
Pronto os dirán que es la heredera de Limp Bizkit, y que tocó en el Canela Party y que fue flipante y blablablá: todo ello para ir aclimatándose —y aclimatándoos—, y que, tras haber aplaudido el reguetón, cuele que a ellos SIEMPRE les flipó algo llamado nu metal, término que han descubierto recientemente y que, ¡SORPRESA!, les flipa.
No os vamos a engañar: en 2017 nos gustó su debut —Ecca Vandal—, y esperamos ansiosos a que este año lance por fin nuevo material; con riffs ácidos, una voz asesina y letras corrosivas, nos recuerda a cuando la música era algo más que un vulgar añadido a la tendencia dominante; cuando los artistas no eran meros payasos que bailan al ritmo del capitalismo agresivo —Harry Styles con su monito haciendo el moñas—, sino almas medianamente libres que ofrecían resistencia al dominio de las discográficas y de las marcas comerciales —nosotros, a nuestro modo, también somos un poco intensitos.
Quienes crecieron escuchando NIN, Korn, Marilyn Manson, Evanescence, Slipknot, Limp Bizkit o Linkin Park —nuestra boy band favorita—, hallarán en Ecca Vandal un suave resurgir de toda aquella movida que los llevó a descubrir a Melvins, Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden y Alice in Chains —los clásicos—. Una suerte de frescura que les arrancará del letargo inducido por esta reciente corriente —y profunda nadería— tildada falsamente como música urbana, inductora de aberraciones tales como el The New Normal de Primavera Sound o las notas hinchadas por bots de la Pitchfork.
Una vez más, las guitarras vuelven para salvar la música; tanto postureo barato en Instagram nos lleva a pensar que los eruditos del todo a cien no tardarán en apropiarse de Ecca Vandal para entonar el clásico: «Yo la conocí antes de que fuera famosa». De hecho, ya hacen cola para presumir de vinilo.
Desde aquí os damos un consejo: escuchadla antes de que os lo aconseje uno de estos monjes tibetanos del cuento y la parafernalia mainstream. Os va a encantar. Y así, de paso, podréis hacer lo que nosotros: reíros de esos falsos divulgadores científicos que van de que saben mucho de música por estudiarse las listas de mejores del año como en primaria memorizaban los nombres de los ríos.


