Dios mola: es la última moda. Y nosotros aquí, con la espiritualidad por los suelos, una profunda depresión y ganas de unirnos a la primera secta cutre que se nos ponga por delante, siempre y cuando para subirse al UFO haya que tragarse un veneno.
El nuevo concepto de Rosalía parte de la figura de Simone Weil que, como es sabido –desde que la masa se enteró de su existencia–, pese a no casarse con ninguna de las corrientes de pensamiento de su tiempo, e ir contra todo y contra todos, aseguró haber sentido la llamada de Dios.
El oportunismo creativo es el Ave María de esta generación de artistas; la apropiación cultural, el Padre Nuestro.
Rosalía es muy lista: ahora se las da de creyente, pero a su manera, porque lo suyo es crear tendencia y su público, caldo de cultivo de normis y puberts, absorbe sus milongas como una esponja.
Pero, bromas aparte, la moda de convertirse al catolicismo no es nueva: influencers y demás celebridades ya han dado el salto en los últimos años. Pero ¿para qué?
Es muy sencillo: del mismo modo que Quevedo imposta su acento latino, la Rosalía lo hace con sus creencias para así capitalizar audiencias en Latinoamérica y Centroamérica; tratándose de uno de los mercados más amplios del planeta, no es de extrañar que la industria se arrodille en oración ante sus cuotas.
Con Motomami ya apuntaba maneras; cuando el Mal querer, el feminismo era el tema trending a capitalizar.
Esta es una de las principales características del capitalismo: actúa como un vampiro.
Rosalía, como ya es costumbre, abraza el discurso dominante: ese que ahora dicta que el catolicismo es guay, que tener fe es cuqui y que mentar a Dios te da la razón. Ahora que incluso reguetoneros misóginos como Daddy Yankee abrazan la fe, ¿cómo iba Rosalía a dar la espalda al mainstream?
De toda su trayectoria, tal vez el tema que mejor define a la diva sea F*cking Money Man; no el mejor, pero sí el más definitorio.
En un momento donde las libertades individuales corren peligro, artistas que tan solo tienen a bien subirse al ismo del capitalismo se lanzan a abrazar cualquier tendencia si con ello refuerzan su dominio.
Estamos deseando que el satanismo y lo gótico vuelva a estar en boga como en los 2000. A ver como encaja esta panda semejante giro de guion. Por si acaso, vamos haciendo palomitas.


